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Novedades en DeCine.com y LasEstrellas.com

Por Grupo DeCine.com-LasEstrellas.com - 12 de Septiembre, 2008, 20:00, Categoría: General

El jurado cumple las expectativas y premia a la película de Darren Aronofsky

Inexcusable León de Oro a la escalofriante 'The wrestler'


VENECIA - Hay que reconocerle valor o una insensata adicción al exhibicionismo al melifluo Marco Müller, director de esta Mostra que cualquier espectador con dos dedos de frente recordará como una pesadilla, al ejercer de maestro de ceremonias en la entrega de premios, ya que corría el peligro de que las víctimas del infinito tedio con el que nos ha castigado olvidáramos los buenos modales al verle. Y, cómo no, durante la hora de agradecimientos que dura la clausura escuchamos muchas veces esas imposturas verborreicas y cursis exaltando el amor al cine, la necesidad de que haya arte en él. Aquí ese supuesto arte lo hemos palpado con cuentagotas, aunque todos los concursantes estén convencidos de que sus criaturas chorrean trascendencia.

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Un palmarés ridículo y que ignora el poco cine bueno que hubo, se pone a la altura de esta flojísima edición de la Mostra. Se salva el León de Oro.

Aronofski se lleva el Oro, pero su león, Mickey Rourke, se queda sin premio


VENECIA - ¡La cara que se le habrá quedado a Mickey Rourke cuando haya visto que su premio de interpretación se lo daban a otro!... Y esto, que parece un arranque lógico para ésta o cualquier otra crónica del Festival, es el primer pellizco a un cerezal de obviedades: Mickey Rourke ya traía esa cara, o peor, y no necesitaba que un jurado malandrín le sustrajera una Copa Volpi, que suena en realidad a helado con paraguas. Wim Wenders era el presidente del jurado, y bajo su paraguas, una ristra de prestigiosísimos nombres del gran arte cinematográfico: Valeria Golino, el artista visual (¿?) Douglas Gordon, el guionista Juriy Arabov, y los directores Johnie To (Juanito), John Landis y Lucrecia Martel... La pregunta no es ¿cómo han llegado a cuajar tanto despropósito en un sencillo palmarés?, sino justo la contraria: ¿Cómo se les habrá ocurrido entre tanta tontuna de premios, elegir como gran vencedora a «The wrestler», de Darren Aronofski, una gran película que resalta en medio de ese melonar como un pirata tuerto en el vals de apertura del Año Nuevo vienés.

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'The Wrestler' muestra a un profesional de 'pressing-catch' al final de su carrera. El director neoyorquino dedicó el premio a todos los luchadores.

El León de Oro 'resucita' a Mickey Rourke



VENECIA. - Hay cosas que resultan del todo punto imposible. Un ejemplo: montar en góndola y no parecer idiota. Otro: pasar por una persona de bien y reconocer que te gusta el pressing-catch. Para los más despistados, hablamos de la lucha libre escenificada por unos payasos entrañables (no todos) con músculos hasta en los párpados. Pues bien, el jurado de la Mostra de Venecia, presidido por Wim Wenders, decidió ayer salir del armario, con perdón, y declararse fan de esta peculiar actividad entre el aeróbic, el circo y el nerviosismo. Y todo ello, aún a riesgo de resultar apedreado.
 
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Bajo la sombra del único filme español


VENECIA. - Hace 60 años, el cineasta catalán Lorenzo Llobet Gràcia rodó una de las películas más extrañas, sugerentes e irrenunciables que ha dado la cinematografía española: Vida en sombras. Sin duda, uno de los trabajos emblemáticos, pese a su condición casi secreta, de Fernando Fernán-Gómez. Pues bien, entre el cansancio, la desgana y los preparativos de la fiesta fin de curso, la Mostra tuvo el detalle de programar esta joya oculta. En la sala, triste es reconocerlo, apenas una veintena de espectadores para presenciar el milagro: la única película de nacionalidad española de la edición 65ª del festival está fechada en 1948. De otro modo: vamos mal.

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Nadar y Guardar la Ropa


A Wim Wenders y su jurado les ha ocurrido lo que a todo hijo de vecino que haya sufrido la sección oficial de la Mostra: el último día, a la desesperada, disfrutaron de la película más accesible del festival, la más cariñosa con su héroe (ese Mickey Rourke relanzado hacia el Oscar 2009) y, por extensión, con el espectador. Hay que valorar el León de Oro a «The Wrestler» como un síntoma: en una edición monopolizada por la línea dura, el jurado ha castigado el criterio de Marco Müller premiando a un filme modesto y convencional. ¿Eso significa que Wenders piensa que la revisión formularia que Darren Aronofsky ha hecho del «Fat City» de John Huston es más digna que sus áridos competidores? Tampoco es cuestión de enfadarse, y Wenders ha preferido nadar y guardar la ropa: ahí están el Premio Especial del Jurado para la etíope «Deza», el incomprensible premio al mejor director para el ruso Alexei Guerman, jr., y, claro, la cuota italiana con la Copa Volpi a Silvio Orlando, para demostrar que, más allá de la declaración de principios del León de Oro, el palmarés, a la fuerza ecléctico, quería contentar a todo el mundo. 

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«The Westler» ha sido galardonada con el León de Oro a la mejor película tras una semana de calidad cuestionable

Darren Aronofsky salva la Mostra


VENECIA - Que la película ganadora de un festival sea la última que se proyecta, en un principio no tiene que significar nada más que el filme en cuestión resultó ser el mejor. Pero, en este caso, parece que, además, ha sido el clavo ardiendo al que se ha tenido que agarrar un jurado encargado de premiar las películas de una Mostra más floja que en otras ediciones. La apuesta por el cine italiano puede haberles salido cara.

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Darren Aronofsky devuelve a Mikey Rourke al estrellato

´The wrestler´ se alza con el León de Oro en la Mostra


VENECIA - Prevaleció el sentido. Al menos en la concesión del León de Oro. El jurado presidido por el alemán Wim Wenders ha roconocido con el premio mayor del certamen a The wrestler, de Darren Aronofsky, el filme que marcará el regreso al estrellato del baqueteado Mickey Rourke.

The wrestler se centra en el singular mundo de la lucha libre, un deporte que en realidad es más espectáculo que otra cosa. El filme de Aronofsky es la crónica desesperanzada y triste de los últimos días como luchador de Randy The Ram Robinson (Mickey Rourke). Un hombre en su cincuentena que vivió sus mejores momentos profesionales hace veinte años, y al que ahora la vida le pasa una elevada factura de enfermedad y soledad. Es inevitable ver en el personaje de The Ram similitudes con su protagonista. De hecho el mismo Rourke así lo ha reconocido.

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CHE, EL ARGENTINO     Calificación:   ★★★

El revolucionario permanente


Más allá de su condición de icono revolucionario, cuya imagen tomada por Alberto Korda terminó adornando camisetas de guerrilleros urbanos cuyo campo de batalla eran las discotecas, la figura de Ernesto Che Guevara (1928-1967) no había tenido fortuna en el cine. Francesco Rossi, cuyo Salvatore Giuliano (1961) era una obra admirada por el propio Guevara y Fidel Castro, vio cómo la burocracia cubana ponía trabas a su proyecto de rodar un filme-encuesta sobre el Che. A finales de los sesenta, Francisco Rabal lo encarnaría en una modesta película de Paolo Heusch y Omar Shariff en una superproducción (con un histriónico Jack Palance como Fidel) de la que acabó renegando su autor, el ilustre Richard Fleischer. Sólo el joven Guevara saldría bien librado en Diarios de motocicleta, de Walter Salles.

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CHE, EL ARGENTINO

En la piel del Che Guevara


El paso por el Festival de Cannes de la película Che contuvo expectación y peculiaridad. Hasta se distribuyeron bocadillos de jambon y agua mineral en el entreacto. Porque –de cuatro horas y media de duración– la gran aventura de Steven Soderbergh y Benicio del Toro tras el líder revolucionario e icono pop del siglo XX, Ernesto Che Guevara, se ha dividido en dos partes. Primero llega El Argentino, que sigue los pasos de aquel médico nacido en Rosario, idealista, impulsivo, revolucionario en estado puro y asmático, desde que en 1955 comenzó a gestarse el levantamiento contra el corrupto régimen cubano. Cuenta la sedición de los barbudos en Sierra Maestra, la caída del dictador Batista, el discurso de Guevara ante las Naciones Unidas. Acontecimientos narrados en diferentes texturas, alternando la ficción con los documentos, el color con el blanco y negro, por un realizador insólito, acusado ahora de cierta sumisión hollywoodiense.

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EL TREN DE LAS 3.10     Calificación:   ★★★

Más allá del remake correcto


Un tanto postergado en su día por los devotos del cine de autor, Delmer Daves dirigió westerns tan relevantes como Cowboy, Flecha rota, El árbol del ahorcado y - por supuesto- El tren de las 3.10, filmado en 1957 y con reminiscencias de Solo ante el peligro. Estructurada en torno al viaje, moral y físico, de dos hombres, un forajido y un granjero sin suerte que deviene su captor, la película de Daves impresionó al futuro director James Mangold, que la descubrió cuando tenía 17 años.

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VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA     Calificación:   ★★

Aventuras tradicionales


Esta es una cinta de aventuras sin firma, mucho más próxima a la última entrega de La momia que al gozoso placer narrativo desplegado por Steven Spielberg en la cuarta hazaña de Indiana Jones, y el hecho de que comparta con aquella al mismo actor protagonista (un Fraser que ya ha desistido de ser el buen actor que era en tiempos de Dioses y monstruos) subraya el parecido.

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VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA

Julio Verne en 3D


La nueva adaptación de Viaje al centro de la Tierra trae de nuevo a Julio Verne al cine, esta vez en 3D Digital. Buscando agradar al público juvenil, se ha planteado como un gran espectáculo que permite sumergirse de lleno en ese inquietante submundo que el legendario profesor Anderson, su sobrino y su guía islandesa descubren cuando se adentran en las entrañas del planeta. Criaturas espeluznantes, paisajes nunca vistos y un sinfín de aventuras caracterizan un filme en el que los efectos especiales son los auténticos reyes. Por eso se ha elegido como director a Eric Brevig, experto en la materia y responsable de ellos en superproducciones como Twister o Pearl Harbor. La presencia de Brendan Fraser como cabecera de cartel asegura además la cuota humorística.

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LA CONJURA DEL ESCORIAL

Esplendor y miserias de Felipe II


La conjura de El Escorial se adentra en el siglo XVI, sus esplendores y sus miserias y las luchas por el poder en la España de Felipe II. Una colección de intrigas políticas y hasta policiales que sitúan el filme de Antonio del Real en pleno género de suspense. Una película basada en hechos históricos y concebida por su director como "un acto de amor", que hace hincapié en las trifulcas entre las casas de Alba y de Mendoza.

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LA CONJURA DE EL ESCORIAL     Calificación:  

Cifesa siglo XXI


Renoir cantando La marsellesa, Rossellini calzándose las zapatillas de Luis XIV… Para el catador de ese buen cine histórico, La conjura de El Escorial tendrá el gusto de un vaso de vino de garrafa bautizado con agua de litines. Y el retrogusto de los viejos productos Cifesa: "cine de barbas", se decía entonces. Lujo haylo, pero también delirio: la love story entre el alguacil y la morisca, páramo ese casi del Ozores de Cristóbal Colón, de oficio… descubridor.

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LA ISLA DE NIM     Calificación:  

Limones del Caribe


Llana fantasía para preadolescentes, protagonizada por atribulado científico (Butler) y su hija (Breslin, la Pequeña Miss Sunshine), que viven en una isla desierta como Robinsones de lujo (casita de rechupete, internet...), y por una escritora (Foster) y su indianajonesca criatura de ficción (Butler again). Parientes cercanos: los Disney de carne y hueso de antaño, los spots con limones del Caribe, Tras el corazón verde…

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URANYA     Calificación:  

Aquel tierno verano


Ensalada griega compuesta a partes iguales de Fellini (Amarcord), Tornatore (un poco de Cinema Paradiso, una pizca de Malena) y Berlanga (y que hubiera podido titularse Bienvenido, Spiro Agnew), describe tópicamente el tierno verano de 1969 en un pueblo plácido y luminoso: los niños en bicicleta, el codiciado televisor para ver la llegada a la Luna, el cine al aire libre, la puta local, leves apuntes políticos…

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El director Darren Aronofsky cierra el concurso con la espléndida 'The westler'

Un profundo retrato del fracaso


"Sorpresas te da la vida", cantaba Rubén Blades al certificar el estupor del matón de esquina Pedro Navaja al comprobar éste cómo le mandaban al otro barrio. Yo me acabo de llevar una sorpresa muy grata al final de la Mostra con un director y un actor de los que sólo podía esperar lo peor, hacia los que albergaba infinitos y contrastados prejuicios.

El actor se llama Mickey Rourke. La primera vez que le vi en una pantalla, en la inteligente comedia Dinner, me pareció que tenía estilo, chulería y gracia. Virtudes confirmadas en el legendario personaje que le encargó Coppola en La ley de la calle, en el papel de aquel antiguo príncipe de la calle conocido como El Chico de la Moto que regresa a su viejo territorio en estado de descomposición interna, sin ganas de sobrevivir, incomunicado con la realidad, asumiendo su agonía. Rourke desprendía misterio, sensualidad, sufrimiento e hipnosis en aquella memorable creación. Todo ello degeneró después en histrionismo de la peor clase, amaneramiento, vacuidad, sobreactuación en una carrera a la deriva. Así como hay actores y actrices que te seducen siempre, que te compensa verlos y oírlos independientemente de la calidad de sus películas, hay otros que te cargan y que no te los crees nunca. Con Rourke me ocurría lo segundo.

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La película de Darren Aronofsky y el actor americano se convierten en los grandes favoritos para hoy

Mickey Rourke y el filme «The wrestler» dignifican la Mostra de Venecia


VENECIA - Mickey Rourke es un espantajo, un tipo distorsionado por el tiempo (y lo otro) y que le muestra al mundo su imagen como abollada por un cristalón cóncavo. Tiene el rostro abotargado y da la impresión de pensar lento, como un minuto sí y otro no... A Rourke no lo ha respetado ni el dinero, ni la fama, ni la naturaleza, ni sus propios fans, ni siquiera el mismo Rourke. Ayer llegó este hombre al Festival, casi en su clausura, como si fuera una cita entre dos monstruos completamente acabados; venía Rourke con una película de Darren Aronofsky, un director peculiar en lo bueno y en lo malo, que se titula «The wrestler». La cosa resultó así de sencilla: esta edición pésima, incluso ridícula, de la Mostra de Cine de Venecia, se ha visto repentinamente ennoblecida con la dolorosa, extrema, hercúlea y sensible interpretación de este actor, que encarna (además de probablemente a sí mismo, en todo su amargor) a un viejo luchador de pressing catch llamado Randy, «The Ram», un tipo que usa la lona para darle sentido a los porrazos que se lleva también fuera de ella. Un teatro patético, una farsa llena de personajes absurdos que se masacran sin la menor acritud entre ellos, todos vencedores, todos perdedores, y en el que Rourke, o Randy, adquiere su mejor forma, o formato, pues fuera de allí no es más que un espantapájaros teñido de rubio, con una melena como la de Kim Bassinger en «Nueve semanas y media» y con la expresión boba del que no ocupa su lugar.

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Rourke, firme candidato a la Copa Volpi con un papel plagado de paralelismos con su vida y su trayectoria

Radiografía de la decadencia


VENECIA.- En los 80, nació la bestia. Fue una década imposible. La gente vestía mal, la música era hortera y los muebles de la cocina, de formica. No existían ni Zara ni Ikea. Entonces, además, en las películas se oían diálogos como éste (y arrasaban):

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El actor consigue una cerrada ovación por «The Wrestler», una película en la que el director Darren Aronofsky retrata el mundo del «pressing catch»

Mickey Rourke gana el combate


Nadie parece discutir que la Copa Volpi al mejor actor se la llevará Rourke, que encarna a un luchador profesional.

VENECIA - Hasta el último minuto la Mostra sigue dando la nota. Algunos periodistas italianos atribuyeron la anulación del primer pase de «El semen de la discordia», de Pappi Corsicato, a la voluntad de Marco Müller de camuflar la respuesta negativa que iba a provocar la película en la prensa local. Quizá habría sido mejor no seleccionar esta mezcla bastarda entre el cine de Almodóvar y las comedias sátiras de Alfredo Landa, pero, tal vez para rematar la discutible calidad de la sección oficial, Müller quería darle la razón a sus detractores.

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Venecia aplaude la interpretación del actor americano

Mickey Rourke resucita con ´The wrestler´ de Aronofsky


VENECIA - La proyección de The wrestler (el luchador) cerró ayer la sección competitiva de la Mostra de Venecia, a la vez que inauguró una nueva fase en la vida de Mickey Rourke, su protagonista. Rourke ha visto como Venecia le rendía, de nuevo, después de muchos años, el tratamiento de gran actor. Y todo gracias a la sentida, emotiva, sincera interpretación que hace de un veterano luchador en horas bajas en el nuevo filme de Darren Aronofsky.

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El italiano Silvio Orlando ha obtenido la Copa Volpi al mejor actor. La mejor interpretación femenina ha sido la de la actriz francesa Dominique Blanc

La estadounidense 'The Wrestler', León de Oro en el Festival de Venecia


VENECIA.- El director neoyorquino Darren Aronofsky, de 39 años, ha conseguido el máximo galardón del festival de cine veneciano (el León de Oro) con su película "The Wrestler", protagonizada por Mickey Rourke.

El jurado, presidido por el director alemán Wim Wenders y en el que se encontraba la cineasta argentina Lucrecia Martel, ha considerado esta película, que muestra el declive de un campeón de lucha libre, como la mejor de las 21 que competían por el galardón.

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Darren Aronofsky, Director de cine

«Esta película tiene algo que ver con la 'Pasión' de Jesús»


El cuerpo y la resistencia física es un tema recurrente en la trayectoria del cineasta, cuya película entrará a formar parte de los grandes títulos del cine sobre el deporte; en este caso uno muy particular que le ha hecho triunfar en Venecia, el 'wrestling', una especialidad de combates fingidos y aun así violentos


VENECIA.- Tiene 39 años, cara de niño y un currículum compuesto por tan sólo cuatro películas. Se llama Darren Aronofosky, es de Brooklyn y hace dos años se le quedó clavada una espina en Venecia. A pesar de que muchos le consideraban la nueva promesa del cine estadounidense y de los encendidos elogios a sus dos primeras películas (Pi y Réquiem por un sueño), en el Lido el chaval se estrelló estrepitosamente. La fuente de la vida, el filme con el que en 2006 concursó en la Mostra de Venecia, no sólo no se llevó ningún galardón sino que fue despedazado por la crítica. Pero Aronofsky tuvo ayer su desquite con The Wrestler.

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Wim Wenders justifica el premio a Silvio Orlando


VENECIA - Curiosa fue la manera de Wim Wenders de anunciar el León de Oro de esta 65ª edición de la Mostra. Antes de mencionar el título de «The wrestler», destacó la interpretración de Mickey Rourke, quien subió al escenario junto a Aronofsky a recibir el dorado galardón. La pregunta es evidente: ¿Por qué entonces no se le da el premio a Rourke? La ausencia del actor en el palmarés provocó, en el momento de anunciarse la Copa Volpi de interpretación, un sonoro abucheo en la sala de prensa, más cuando el ganador fue el italiano Silvio Orlando por «Il papa de Giovanna»; y es que en Venecia, es habitual que salga beneficiado algun actor patrio.

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Mickey Rourke, Actor protagonista de 'The wrestler'

«Me daban por acabado, pero esta película es mi venganza»


VENECIA.- Es difícil de creer que Mickey Rourke fue una vez un sex symbol. A sus casi 52 años (los cumplirá en 10 días), el protagonista de Nueve semanas y media es un hombre prematuramente envejecido, con la cara desfigurada por los muchos puñetazos que ha encajado como boxeador. Salta a la vista que las varias operaciones de cirugía estética a las que ha recurrido para tratar de reconstruir su rostro tras años de combates no han obtenido el resultado deseado.

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Rourke: «Hace quince años tiré mi carrera por la borda»


VENECIA. «Recuerdo la primera vez que me cité con Mickey. Tenía otra idea de él. Me di cuenta de que tras esa armadura, había fragilidad», dijo ayer Darren Aronofsky sobre el protagonista de su último filme.

Desde que se inició el festival, una de las incógnitas que más intrigaba era cómo sería el regreso de Rourke como protagonista absoluto de un filme de entidad tras su paso por producciones menores. «Mi personaje es un soñador que vive en un estado de vergüenza. Y sí, claro que puedo encontrar un paralelismo con lo que yo hice con mi carrera hace quince años: la tiré por la borda. No hay peor cosa que sentir vergüenza y no puedes culpar a nadie más que a ti mismo», reconoció Rourke acerca de un personaje que, como él, fue una gran estrella en lo suyo.

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La actriz es galardonada con la medalla de oro de la institución unos meses después de conseguir el Goya

La Academia premia a Maribel Verdú


MADRID.- Para terminar de dibujar la circunferencia de un año redondo, Maribel Verdú (Madrid, 1970) fue galardonada ayer con la Medalla de Oro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España en su edición de 2008. La actriz, ganadora del Goya a la mejor interpretación femenina en la última gala, ha rodado con Francis Ford Coppola en el regreso de éste a la gran pantalla, Tetro, y actualmente se encuentra ensayando la obra de teatro Un dios salvaje, de Yasmina Reza, que estrena en el Teatro Alcázar de Madrid el 2 de octubre.

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El actor italoamericano se apea del rodaje de 'Edge of darkness', donde actuaba junto al australiano

De Niro se planta ante Mel Gibson por 'diferencias creativas'


NUEVA YORK.- Robert De Niro ha abandonado Edge of darkness a la semana de iniciar su participación en el rodaje del filme dirigido por Martin Campbell y protagonizado por el actor Mel Gibson. Los portavoces del primero hablan de «diferencias creativas». Junto a los dos capos, figuran en el reparto Danny Huston, Bojana Novakovic y Shawn Roberts. Según Variety, el protagonista de El cazador y Toro salvaje debía interpretar a un oscuro sujeto encargado de limpiar las pruebas del asesinato de una muchacha. Basada en una miniserie que el propio Campbell dirigió para la BBC en 1985, la cinta cuenta con guión de William Monahan, el escritor de Infiltrados.

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La première de «The Women» en Los Ángeles consagró el «glamour» femenino

Hollywood: no apto para hombres


MADRID - Hollywood está tomado por el universo femenino. Sólo hay que comprobar la expectación que ha levantado el estreno de «The Women» (remake de la clásica comedia delirante de Cukor filmada en 1939) para darse cuenta que las mujeres van en serio.

A la «première» asistieron todas las protagonistas de un filme que promete batir los registros de otro taquillazo reciente como es el de «Sexo en Nueva York». Los Ángeles se vistió el pasado jueves de gala para contemplar a actrices de renombre como Eva Mendes, que decidió acudir enfundada en un vestido modelo «101 dálmatas», Annete Bening, de rojo ajustado, acompañada por su marido Warren Beatty y Jada Pinkett, que por una vez acaparó más «flashes» que su pluriempleado esposo, Will Smith. Meg Ryan acudió sola, al igual que Tara Reid y Natasha Alam. Debra Messing y Carrie Fisher posaron igualmente para la ocasión, y hasta la directora, Diane English, acaparó espacio entre los objetivos de las cámaras.

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Estrena hoy en La Ópera de Los Ángeles «Il trittico» junto a William Friedkin

Woody Allen planta cara a Puccini


Le temblaron las piernas cuando Plácido Domingo le propuso medirse con Puccini. Allen estrena su primera ópera

LOS ÁNGELES - Plácido Domingo, director de la Ópera de Los Ángeles, ve cumplido su sueño -aunque no es la primera vez- de trasladar el talento de Hollywood a esta ciudad. Esta noche conseguirá reunir a Woody Allen y William Friedkin (padre de «El exorcista») en el nombre de Puccini, de quien el coliseo celebra los 150 años. Los dos directores presentan «Il Trittico», tres piezas de una hora de duración que han dirigido a dos manos: Allen está a cargo de la dirección escénica de «Gianni Schichi», mientras que Friedkin firmará dos óperas, «Suor Angelica» e «Il tabarro». El director de «Annie Hall» no parecía muy optimista con el proyecto; casi con temblor de piernas confesaba que «hace tres años prometí que lo haría pero pensé que nunca se iba a materializar. Me da terror trabajar en esta ópera». Hipocondriaco y sabedor de que tiene entre manos un proyecto único, confiesa: «Voy a darlo todo, pero, la verdad, no sé qué puede suceder porque la ópera no es como el cine. Aquí, si no lo haces bien te abuchean».


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"Penélope, que Cruz nos ha tocado" por Carlos Infante

Por Acomodador - 3 de Enero, 2008, 20:00, Categoría: General

Hace años que decidí no dedicarle ni una línea a esta supuesta actriz, más allá del comentario informativo justo referido a sus interpretaciones cinematográficas. Su actitud estúpida, su nivel de engreimiento y su habitual comportamiento mentiroso con compañeros de prensa así me lo indican.

Con gran asombro he visto como la prensa del corazón, y la mayoría de los medios en general, le han prestado un inusual seguimiento a su carrera (yo llamaría estancia o paseo) americana. En su mayoría lo que se ha contado no se ajusta a la realidad, aunque quien sabe si esto  se debe a la ignorancia, a creerse los bulos de según qué departamentos de publicidad o quien sabe a qué.

Hemos leído miles de páginas sobre ficticios romances con diversas estrellas de la pantalla americana, loas a una profesionalidad nunca demostrada en sus breves apariciones en películas de producción americana y noticias que nunca se sabe de dónde han salido.

Aquí debemos recordar que cuando The New York Times mencionó su nombre por primera vez, fue para obsequiarla con un "palo" de los que hacen época en la acertada valoración "TODOS LOS CABALLOS BELLOS", o también las frases dedicadas por Steve Martín en la pasada ceremonia de entrega de los Premios de la Academia.

Ahora llega esa historia tragicómica sobre su romance con Ton Cruise. No soy adivino, ni mucho menos; no pretendo que lo diga quien escribe sea palabra de Dios, ni nada parecido... Pero mucho me temo que esta historia que llena páginas de periódicos y revistas, horas de radio y televisión, no es más que un montaje publicitario de una película cuyo estreno ha tenido que ser pospuesto.

Si analizamos los antecedentes sentimentales del Sr. Cruise y la larga lista de historias nunca sucedidas de la tal Cruz, no será muy difícil llegar a una conclusión: no nos creemos nada de nada. Dicho esto la verdad es que me importa una mierda que el Sr. Cruise tenga una novia o mil, que sea blanco o negro; me importa aún menos lo que haga o deje de hacer la tal Penélope. Si fracasa profesionalmente habrá encontrado lo que se merece, y si triunfa que lo disfrute.

Lo que si me da vergüenza ajena es que los medios de comunicación serios dediquen su tiempo, su espacio, a una memez como esta, a un personaje tan estúpido como esta señorita, que dicho sea de paso suele obsequiar a los medios de comunicación nacional con el más profundo de los desprecios o con las más sentida ignorancia.

Allá cada uno, pero nosotros desde hoy volvemos a nuestra política habitual, que es no perder nuestro tiempo, ni hacerles perder el suyo, con la última Cruz Nacional que nos ha tocado parecer, y es que hay apellidos que se ajustan como anillo al dedo.

 

© Carlos infante, 2001

 

'Big Dream' por Carlos Infante

Por Acomodador - 2 de Enero, 2008, 16:00, Categoría: Memorias de Cine

Hoy he elegido una canción que puede sintetizar perfectamente lo que es el cine y la música, o mejor dicho lo que debe ser la música dentro del cine.

Hay películas que contienen un momento especial, una secuencia mágica e inolvidable. Hay películas que se pueden considerar como una Obra Maestra y además incluyen ese momento especial, mágico, definitivo. Hoy voy a recordar uno de esos momentos que pertenece a una película de calidad excepcional: el 'Big Dream' de la película THE THING CALLED LOVE (Esa Cosa Llamada Amor).

La cinta de Bogdanovich contiene momentos singularmente interesantes para el aficionado, casi todas las secuencias aportan un nivel de lectura múltiple. Podemos citar esa forma peculiar de ver una película, que no es otra que EL HOMBRE QUE MATO A LIBERTY BALANCE, o... Pero me quedo con ese momento, con el 'Big Dream'

Samantha Mathis, Miranda Presley ('sin relación' como ella misma decía), ha abandonado su sueño: ser cantante country y triunfar en Nashville. Se ha ido de la ciudad, pero durante el trayecto medita, reflexiona y finalmente cambia de opinión. Desciende del autobús que la traslada, entra en un café de carretera y allí comienza a escribir esa canción que puede justificar una vida.

De nuevo en la carretera pero esta vez de vuelta a Nashville, de vuelta al Café donde una vez a la semana pueden cantar en público quienes han superado una prueba previa... La actuación ha comenzado, Miranda no ha hecho su prueba esta vez, no la ha pasado nunca hasta la fecha; pero pide que la dejen interpretar una canción. La dueña del local, su amiga, accede.

Samantha se sienta en la silla con su guitarra. Abre el papel donde se encuentra la letra y música de su composición. La presenta sencillamente con 'Esto es algo nuevo' y suenan los primeros acordes de guitarra previos a la interpretación. El reloj se para, por un momento todo en el mundo deja de tener importancia y el espectador comprende que al final los sueños pueden convertirse en realidad si estamos dispuestos a pagar el precio necesario y el esfuerzo requerido.

Big Dream, una canción que nos dice que una mujer se enfrenta desnuda al mundo para dar lo mejor de ella, una canción que nos dice que Dios podría ser una mujer, una canción que aunque no entendamos su letra comprendemos, sentimos y valoramos como lo que es: la realización de ese Gran Sueño que todos tenemos, sentimos, anhelamos, necesitamos y soñamos, despiertos y también dormidos.

Por supuesto el nunca suficientemente bien ponderado talento de Samantha Mathis que no sólo es capaz de cantar la canción con magistral perfección, sino que además la interpreta con todo el sentimiento, con toda la necesidad, con toda la pasión que ese momento vital requiere.

Poco importa que el aplauso sea conmovedor, que los fantasmas personales de la protagonista hayan desaparecido, que la canción pase a la vitrina de los momentos memorables del local, de la historia en definitiva. El momento se ha consumado, la perfección ha existido, el momento mágico ha tenido lugar aunque solo haya sido dos minutos. Ya nada podrá ser como antes.

Sería incapaz de decirles las veces que he visto esta secuencia, las veces que escuchado esta canción. Lo que si les puedo asegurar es que es un autentico deleite, un placer indescriptible y una razón para creer que el cine, además de un negocio muy lucrativo, es un arte, un medio que nos hace amar la vida, tal y como la aman algunos de los personajes que muy de tarde en tarde aparecen por una pantalla.

'Big Dream' un momento mágico de una película tan excepcional como imperecedera, 'Big Dream', el gran sueño que en el caso de Samantha (Miranda) era una canción, un momento, un fin, una meta

¿En su caso cuál sería el 'Big Dream'? No espero una respuesta, únicamente su personal reflexión interna.

 
© Carlos infante, 2002

 

Presentación

Por Carlos Infante - 1 de Enero, 2008, 12:00, Categoría: General

Hoy, 1 de enero de 2008, un día como otro cualquiera para iniciar este blog dedicado al mundo del cine y donde pienso contar todo aquello que me apetezca de forma más bien heterodoxa.

Aquí podrán leer noticias, críticas propias y ajenas, entresijos del mundillo, ediciones en DVD nacionales y extranjeras y todo lo que tenga relación de un modo u otro con el mundo del cine.

No nos debemos a nadie por lo que ofreceremos una visión sincera y desinteresada muy alejada de las publicaciones especializadas, aunque también haremos sitio para sus opiniones.

Un poco de todo… También romperemos mitos de vez en cuando. Poco a poco se irán añadiendo otros amigos y compañeros que aportarán su conocimiento y buen hacer…

No me extiendo más, estamos presentados y sin más preámbulos comenzamos.

El Cine Negro

Por cinfante - 25 de Agosto, 2007, 16:00, Categoría: Géneros Cinematográficos

El mundo sombrío, sórdido y lleno de sentimientos de culpabilidad del cine negro reflejó la incertidumbre y la paranoia que se apoderaron de Estados Unidos en la década de los cuarenta.

 

El cine negro es fundamentalmente un estilo vi­sual. Poseía también sus sonidos característicos, nor­malmente una banda sonora realista, llena de soni­dos urbanos y de música de jazz, pero lo que define más claramente el cine negro son sus imágenes. La lluvia que cae de noche sobre las calles de la ciudad refleja en la acharolada superficie de las aceras la débil luz de las farolas y los anuncios de neón de hoteles baratos, salas de tiesta y bares de mala nota. A través de la lluvia y de la luz difusa no se puede ver nada claramente. Las perspectivas aparecen distorsionadas y las superficies de los edificios que rodean la escena crean composiciones angulares que dan la sensación de opresión y claustrofobia. Las marcadas sombras acentúan todavía más lo siniestro de la atmósfera. El cine negro está lleno de escenarios cargados de peligro y corrupción, en los que los valores morales e intelectuales son tan indefinidos y lóbregos como las propias calles. Nada es lo que parece, y la gente que vive o se mueve en esos escenarios tienen oscuras motivaciones y secretos culpables que no resistirían su examen a la luz del día.

Estas imágenes, típicas del cine americano de los cuarenta impresionaron sobre todo a los espectado­res y críticos franceses durante la segunda mitad de dicha década. Durante toda la ocupación. las pelícu­las americanas estuvieron prohibidas en Francia, pero a partir de 1945 las pantallas francesas se vieron inundadas por una verdadera oleada de cine americano. Al carecer de un término para definir esta clase de cine, los críticos franceses lo tomaron prestado de la literatura. Las versiones francesas de las novelas de Raymond Chandler y Dashiell Ham­mett eran publicadas por Gallimard bajo la etiqueta "Série Noire". De ahí nació la expresión novela negra y, por derivación, la de cine negro.

No fue, sin embargo, producto de la casualidad el que este género americano interesase tanto a los franceses. El estado de ánimo evocado por estas películas recordaba los desesperados y nihilistas puntos de vista ofrecidos por los escritores existencialistas franceses, como Jean Paul Sartre y Albert Camus, pero también el romanticismo y pesimismo característicos del cine francés de antes de la guerra.

En la América de posguerra, el contraste entre las sombrías distorsiones del cine negro y los,.espectaculares y lujosos musicales en Technicolor dé finales de los 40 reflejaba la esquizofrenia de una sociedad cambiante que acababa de salir de la guerra y pasmada ante el increíble poder destructivo de su nueva arma, la bomba atómica.

Los sociólogos han sugerido que el cine negro puede interpretarse como una metáfora de «la pesadilla amerícana» (la otra cara de la moneda del «sueño amerícano»). En favor de esta teoría cabe invocar los diversos cambios sociales producidos: la desilusión con respecto a los valores de antes de la guerra, provocada por la experiencia bélica directa: el derrumbamiento de los papeles sexuales y económicos aceptados debidos a la emancipación de la mujer, y la comprensión de que la paz y la seguridad tan duramente conquistadas estaban amenazadas por la incertidumbre y la paranoia políticas.

Sin embargo. uno de los primeros ejemplos del llamado cine negro se remonta al año en que Estados Unidos entró en la guerra. Stranger on the Third floor (dirigida por Boris Ingster en 1940) narra un asesinato en una pensión de Nueva York cometido por un extraño al que sólo puede identificar el protagonista, Michael. Cuando Michael es detenido como sospechoso, le corresponde a su novia seguir al extraño, interpretado por Peter Lorre en una actuación que recuerda mucho a la que realizó en M. el vampiro de Düsseldorff (dirigida por Fritz Lang en 1931). Cuando se descubre su identidad es perseguido por las calles hasta que cae bajo las ruedas de un camión de basura y confiesa su crimen antes de expirar al lado de una alcantarilla.

Todos los ingredientes clave del cine negro se encuentran presentes en esta película de la serie B. especialmente la atmósfera de paranoia e inquietud que acosa a sus protagonistas. Durante los quince años siguientes. El estilo del cine negro se fue consolidando y. aunque se manifestaría también en otros géneros (melodramas, «westerns», películas de terror e incluso musicales), se dio sobre todo en el cine policiaco. Algunas películas en color, como Encubridora (1952), de Fritz Lang, pueden clasificarse también dentro del cine negro pero, al menos hasta finales de los sesenta y comienzos de los setenta, este género parecía reservado en exclusiva al blanco y negro.

El «Look» del cine negro se consiguió sobre todo gracias a la iluminación. y el mérito de adaptar las técnicas del expresionismo alemán al estilo «realista» del Hollywood de los cuarenta corresponde al operador John Alton. La mayoría de las escenas del cine negro son nocturnas. En ellas se acentúan las sombras, las lámparas de techo cuelgan bajas y las de pie arrojan una dura luz al nivel de la cintura de los personajes, oscureciendo así sus rasgos faciales y expresiones. El empleo de las líneas oblicuas y verticales en los decorados, la iluminación y los encuadres (opuestas a las líneas horizontales y reposadas del cine clásico americano) provocan sensaciones de inquietud e inestabilidad. Tal como señaló el crítico y director de cine Paul Schrader en su magnífico ensayo sobre el cine negro (Film Comment, primavera de 1972): «Ningún personaje puede hablar con convicción y autoridad desde un espacio continuamente dividido en haces de luz.»

Las figuras entran y salen de las sombras mediante el empleo de una iluminación muy contrastada. Y muchas veces el protagonista tiene que hablar a alguien situado en la penumbra. y que frecuentemente se confunde con el paisaje urbano que le rodea, pero en el trabajo de cámara propio del cine negro cabe detectar también otros importantes cambios. Tal como señala Schrader: «Una película negra típica hace girar la escena alrededor del actor en lugar de que éste la controle mediante la acción física. La paliza a Robert Ryan en Tongo (1949), el ametrallamiento a Farley Granger en Los amantes de la noche (1948), la ejecución de Brian Donlevy en The big Combo (1955) son escenas que se caracterizan todas por un ritmo medido, por la ira contenida y por encuadres opresivos.»

Finalmente el empleo del «flashback» es con frecuencia uno de los recursos expresivos cruciales del cine negro. La acción fundamental ha ocurrido ya. Es demasiado tarde para cambiar las cosas. El destino se ha cumplido y muchas veces las películas, como Retorno del pasado (dirigida por Jacques Torneur en 1947) cuentan sus historias como si se tratase de una maldición que se tiene que cumplir fatídicamente. Por ejemplo, en Perdición (1944), Fred MacMurray se está desangrando y al mismo tiempo contándonos lo que ha ocurrido. No existe la menor posibilidad de cambiar nada. Los personajes están atrapados incluso antes de que empiece la película. El recurso del «flashback» o de la narración a modo de «confesión» implica nuevas ironías: los hechos narrados y las imágenes más objetivas de las escenas en «flashback» no encajan siempre. Cuando escuchamos a Fred MacMurray contándonos su primer encuentro con Barbara Stanwyck parece que la culpabilidad moral de lo ocurrido es fundamentalmente de ella, pero las imágenes que vemos en «flashback» son mucho más ambiguas. y la culpabilidad no resulta fácilmente atribuible a una sola persona.

Los antecedentes del cine negro se remontan a! gran período del expresionismo alemán, especialmente en lo que se refiere a la iluminación, los decorados y el uso de sombras acentuadas. Temáticamente, el conflicto entre el mundo «interior» del individuo y el mundo «exterior» que le repele, constituye uno de los puntos de unión entre la Alemania de los veinte y la América de los cuarenta. Otra conexión, todavía más directa, es la representada por la presencia en Hollywood del director Fritz Lang, uno de los grandes arquitectos del cine expresionista alemán, y de sus «herederos»: Billy Wilder. Josef von Sternberg. Robert Siodmak. Edgar G. Dlmer, John Brahm, Otto Preminger, Max Ophuls, Douglas Sirk, Anatole Litvak y Rudolph Maté.

El cine negro nace también de la influencia de directores franceses, tales como Carné y Duvivier, y resulta interesante señalar que, durante su estancia en Hollywood, Jean Renoir realizó también una aportación al género con Una mujer en la playa (1946). Otro precursor del cine negro es el género típicamente hollywoodiense de las películas de gángsters, y sobre todo el estilo sombrío, duro y semidocumental de la Warner durante la década de los treinta. La visión y atento estudio de esta clase de cine permitió a Orson Welles concebir y dar forma al estilo visual de su obra maestra, Ciudadano Kane (1940), el más significativo de todos los precursores del cine negro.

Las primeras manifestaciones del estilo «negro» se dieron en los emocionantes «thrillers» de comienzos de los cuarenta: El halcón maItés (1941). This gun for hire (1942). La mujer del cuadro. Laura (ambas de 1944) y Recuerda (1945). Pero fue durante la segunda mitad de la década cuando la música de las películas negras empezó realmente a atacar los nervios de los espectadores y las sombras a dominar los espacios visuales. El público comenzó a adentrarse en «terrenos peligrosos».

Seducidos por la refinada sexualidad de las «mujeres fatales». atrapados en un mundo de sombras y luces por la espléndida fotografía de operadores como John Alton, Nicholas Musuraca y John Seitz, absortos por las desesperadas voces que narraban la historia en «flasback». los espectadores de los cuarenta fueron sumergiéndose en una paranoia cada vez mayor, según las películas iban haciéndose cada vez más y más «negras».

Dos películas policíacas, ambas de 1949, Al rojo vivo (dirigida por Raoul Walsh) y Gun crazy (dirigida por Joseph H. Lewis) permiten realizar una comparación interesante. En la primera James Cagney interpreta al gángster psicópata Cody J arrett. En ella se le define claramente como un criminal autodestructivo, con un historial clínico y una fuerte fijación materna. Y se le muestra camino de su propio apocalipsis (autoinmolándose en lo alto de un depósito de gas). Los protagonistas de Gun crazy son, por el contrario, una despreocupada pareja que se lanza al mundo de la delincuencia simplemente porque les resulta fácil y atractivo. Lewis no ofrece razones ni explicaciones que justifiquen su conducta y se limita a mostrarla en la pantalla. Los protagonistas del cine negro no se «explican» ni a través de la narrativa de las películas ni por medio de las interpretaciones de los actores. Las explicaciones carecen de valor en un mundo de moralidad cambiante y certezas que se derrumban. Todo suscita sospechas.

Los personajes se traicionan frecuentemente unos a otros. Sam Spade (Humphrey Bogart) manda a Brigid (Mary Astor) a la cárcel en El halcón maltés al comprobar cómo miente constantemente y manipula las emociones de los demás. En lugar de seguirle el juego, O'Hara (Orson Welles) deja a Elsa (Rita Hayworth) desangrándose al final de La dama de Shangai (1947). En Los sobornados (The big heat, 1953). de Fritz Lang, Glenn Ford es un policía honrado hasta que intenta vengar la muerte de su mujer, momento en que traspasa la línea que separa el bien del mal. Ese mismo actor interpretaba a otro policía en La trampa del dinero (The money trapo 1965), en la que se deja corromper para ganar el dinero suficiente como para que su joven esposa sea feliz. El personaje interpretado por Robert Mitchum en Retorno del pasado abandona a su novia para entablar una relación amorosa con la «mujer fatal» Gane Greer), algo de lo que luego tendrá que arrepentirse. Pero quizá la más memorable de todas las traiciones es la sufrida por Joan Crawford en Alma en suplicio (1945). En ella interpreta a una madre que se sacrifica por su hija sólo para ver cómo ésta seduce luego a su marido y le destruye. En este papel, la Crawford es la traicionada, pero en el cine negro suelen ser los hombres. Richard Widmark, Robert Ryan, Richard Conte y, sobre todo, Robert Mitchum, cuyos rostros reflejan el mismo asombro y confusión que experimentan los espectadores confundidos por lo complicado de las tramas y por la dudosa moralidad de la mayoría de los personajes.

En los años cuarenta, la influencia del cine negro se dejó sentir incluso en el «western», el último reducto de la fórmula de «buenos y malos». Su única salida (dirigida por Raoul Walsh en 1947) explora las raíces psicológicas de la violencia y el deseo de venganza, mostrándonos a un Robert Mitchum que revive un trauma de su infancia e intenta vengar la muerte de su padre. Otros géneros que ejemplifican también la interrelación entre el cine negro y el interés de la época por los problemas psicológicos; el ciclo de películas de terror producidas por Val Lewton para la RKO investigaba el subconsciente humano a los niveles más diversos. El más marcadamente negro de todos esos títulos era La séptima víctima (1943), en la que la neurosis suicida del personaje interpretado por Jean Brooks se mezcla con una historia de moderno satanismo ambientada en las sombrías pensiones, apartamentos y calles de Nueva York.

El cine negro continuó hasta bien avanzada la década de los cincuenta y se vio hasta cierto punto fortalecido por su oposición implícitamente a la imagen coherente y cómoda del mundo que intentaba promover la administración Eisenhower. Películas como La casa de las sombras (dirigida por Nicholas Ray en 1951) y Los sobornados socavaban las instituciones, desafiaban la ley y el orden y ponían en entre dicho los valores de la sociedad de consumo de los cincuenta, mientras que Kiss me deadly (1955) los hacía saltar por los aires.

Resulta significativo que cuando el cine negro reapareció a finales de los sesenta y principios de los setenta, con películas como A quemarropa (1967), Klute (1971), El largo adiós, Malas calles (ambas de 1973), Chinatown (1974) y La noche se n¡ueve (1975), la situación política fuese muy parecida a la de finales de los cuarenta y principios de los cincuenta. Estados Unidos libraba una guerra contra el comunismo lejos de sus fronteras, sólo que esta vez en Vietnam en lugar de en Corea. En la retaguardia, el escándalo Watergate era el equivalente del McCartismo. Por lo que el mundo del cine volvió a sugerir que la traición y la corrupción se encontraban latentes bajo la aparente prosperidad de la sociedad americana.

Las cinematografías de otros países han experimentado también el fenómeno del cine negro, sobre todo la francesa, la inglesa y la japonesa. La nueva ola francesa y los realizadores alemanes de la década de los setenta mostraron un gran interés por dicho género. Películas como Alphaville (1965). de Godard. y Gotter der Pest (1970), de Fassbinder. o El amigo americano. de Wenders constituyen una reelaboración de las tradiciones de cine negro de sus respectivos países y una evocación consciente, podría decirse que un homenaje. a esa oscura era del cine americano recientemente iluminada por la critica contemporánea.